Buenos días, pequeño mundo.

Ξ

-¿No te vas a levantar o qué hoy?

Escuchó desde detrás de la puerta de su habitación. Una puerta maciza que la separaba del mundo real a diario y no solo a ella.

Dentro de cuatro paredes, encima de un suelo poblado de un desorden caótico, envuelta entre colchas y cojines de algodón para hacer el sueño mas largo y profundo, con la ropa de un día anterior. Aunque no por ello diferente al siguiente.

Allí estaba, adormecida a medias, despierta parcialmente, notando de nuevo el peso de un nuevo día;

 

“Me pregunto que hora es. Con un poco de suerte, habré dormido lo suficiente como para que el día no sea día sino tarde. Lo suficiente como para que sea ya imposible ocuparme de asuntos que deberían importarme pese a que así no sea.

No sé que día es, pero veo que van a ser las cinco y he vuelto a poner el play al ritmo de vida que llevo desde hace ya un año, puede que más.

Fuera ya no queda nadie y me pregunto por qué cojones me han despertado si me van a dejar sola, lo cual no me importa pues aunque no lo intente, siempre estoy sola, por muy acompañada que me encuentre.

No obstante, las excepciones son tan reales como la vida que no llevo y es bonito, tanto como amargo el saber que ellos también están tan solos como yo.

Ya tengo el desayuno preparado (lo llamo desayuno porque es la primera comida del día, no por la hora en la que se suele tomar). El café me ha salido genial y por eso hoy será una buena tarde y una noche mejor.

Hago un ademán de sentarme frente a la ventana de diez y nueve pulgadas que me comunica con los demás pero no se donde dejé ayer el maldito mechero.

¿A que hora acabé durmiéndome por fin? He soñado algo muy extraño.

¡Joder! Sigo teniendo sueño…

¡Ey! ¡Aquí estás!  Bien:

Abro el correo, miro el Facebook. JAJA Qué bueno esto del horóscopo. Dice que voy a progresar en el trabajo y aunque es el de ayer, estoy segura de que ni Raphel conseguiría convencerme de que todas estas mierdas son posibles.  

Se me pasa por la cabeza abrir ahora el correo de la empresa, para saber que se cuece más que nada, pero a mis ideas les ha dado por corretear y no hay manera de seguirlas.

El Fotolog sigue con lo mismo de ayer. No tengo nada nuevo que decir hoy tampoco. Ahora ya está, le he dicho hola a la red, es Martes y sigo de baja.

Algo suena muy cerca, es Fergie y su ritmo reivindicador:

-¿Sí? ¡Hola Preciosa! ¿Que tal? Si, claro. Vale. Si, tengo café para dos. Hasta ahora guapa.

Bueno, ella es ellos. Es parte de la soledad que a veces prefiere hacerse llamar compañía, enfrentando conceptos en mi cerebro ya cansado de ese… ‘Si y no’ o del ‘Bueno y malo’ al mismo tiempo.

Todo es por eso. No consigo ponerme de acuerdo conmigo misma ni con los demás. Decir que no se lo que quiero sería totalmente aceptable y me atrevo a decir, correcto, a mis veinte años de no ser por que, aunque en ello mucho piense, no quiero nada. No espero nada de la vida ni de los que me rodean. Hasta hace poco yo me hacía escuchar y entender, expresaba con muchísimo ímpetu, por cierto, cual era mi voluntad en cada momento…