Corre.

Ξ

Abre el armario, busca.

Negro, lila, puede que blanco.

Dónde está tu maquillaje, ¿muñeca? Eso es, una línea recta, dos líneas rectas. Iguales, perfectas, ¿sensuales? Te ves reflejada y sonríes, no dejarás de hacerlo.

Calzate. Cinco, ¿Diez? Siete centimetros de más por ser hoy.

Date prisa, vuelves a llegar tarde.

No tienes billete, pero no importa, tampoco tienes más que como mucho diez euros, pero no importa. No, porque tienes tu AS, el que no abandonas, el que no te abandona.

Ponte en situación. Suena Lady gaga, Pitbul, suena house, suena divino.

Eres sexy saltando las puertas, dejando las normas junto al pijama.

Sagrera, Navas, Clot… Y casi todo el mundo igual, casi todo el mundo como tu. Glorias y Marina, Y para cuando estás en arco del triunfo ya nadie piensa en lo que dejaron en casa, lo que dejaron en el trabajo, nadie piensa en lo que dejaron por hacer. Estan ahí, estás ahí. En busca de la noche, que te espera, que te quiere. En busca de tu noche…

Ni cuenta te das, y estás en universidad. Ni cuenta te das, y llegas. Has llegado.

Plumas, pupilas rosas, sonrisas perfectas, vestidos que se parecen, que nunca quedan igual. Vestidos que suelen ser más cortos de lo que esperabas, que te quedan mejor de lo que esperabas. Vestidos para todas. ¿Pero miradas? Para ninguna.

Estás en territorio coocido pero no te pertenece y lo sabes. Todos te conocen, todos saben tu nombre, porque ellos, encanto, quieren ser tu.

Te veo saludar triunfante, satisfecha. Te veo sonreirles sin razón, sin ni tan siquiera merecerselo se llevan tu sonrisa una y otra vez. Eres una estrella, te dicen, y tu te lo crees porque te sientes como tal.

Un billete por una entrada verde que te bebes y que luego intercambias por un sello. El sello de tu futuro más cercano, el de dentro de una hora y otra vez, tu destino y el de muchos más como tu. Ahora tienes 60 minutos para recordarle a media Barcelona que te gusta lo que haces. Empezaste en casa, por cada trago una calada. Y ahora continuas en la calle, a 15 grados, pero no importa. Nadie necesita hielo a esa temprearura. Nadie necesita acompañar el whisky con coca-cola, a esas horas.

Carcajadas, gritos, saltos, tonterías, apodos improvisados, gente y más gente, calles que conoces por las cuales te pierdes pero llegas.

Llegaste. Sientes como entras y te sientes como en casa.

Pero no estás en tu casa, estás en la mía querida. Y esta noche, voy a hacer contigo lo que yo quiera. Yo soy la noche, la oscuridad, soy la que te esconde de la verdad.

Y todo ello te va a costar un precio.

Mañana te levantarás y no sabrás que día es, no sabrás que hora es. Ni siquiera voy a dejar que te levantes en tu propia cama. Mañana recordaras cuando él te susurró:
-Te lo estás pasando bien, ¿preciosa? 

Y nada más.

Ahora vete a casa, borra eso también de tu perdida cabeza y vistete, te estoy esperando de nuevo. Tu lo sabes, esta es la oferta que nunca has rechazado y que nunca rechazarás.

Ya ni siquiera te lo planteas.

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