No suelo mentir a oscuras.

No sé porque será.
Tampoco por que de esta manera.
Es sádica la forma en la que me duele y me satisface al mismo tiempo.
Erróneo el juego con el que me entretengo.
Siento amor igual que tu, siento el ansia de tocar, como tu.
Tengo ganas de gritar, ganas de volar y sobre todo de saltar.
Vuelven las cosas a cambiar de color, de sabor y de olor.
Y siento también el dolor. Por extrañar y con ansias esperar.
Aguanto las dudas en la garganta y las preguntas cerca del corazón.
Donde sé quien va a mirar, y quien no. Quien se va a enterar y quien no.

Pero me consuelo sabiendo con toda la certeza del mundo que no se trata de nadie más que de mi, no por ahora. Que estas sensaciones nacen en mí, por mí, y acaban también en mí.
Me las invento porque me entretengo, pero solo cuando el sol brilla intensamente.
Paseo por mi cuerpo una bola roja aterciopelada que huele a ti, jugando mientras de fondo, suenan voces celestiales. Mientras, al otro lado de mi ventana, la gente se mueve como siempre, y se dirige al mismo lugar de cada día. Yo prefiero parar un momento mi vida, porque se puede. Duras son las consecuencias, pero se puede. Me dijeron por ahí que corres el riesgo de quedarte donde imaginaste estar. Pero sin ser lo que creíste que sería.

Cuando la luna hace del cielo un manto de estrellas que veo allí donde me encuentre. Sea ya en esta ciudad cansada y gastada o en aquel pozo, al cual tiro margaritas desde arriba algunas veces. Desde el cual he visto el mundo otras muchas veces.
Cuando búhos y grillos ocupan el tiempo y desocupan mi cabeza…
Es cuando digo la verdad. Quien esté escuchando suele darme igual.

Calma y felicidad.

Y ahora que la música, la misma música de siempre, suena diferente.

Ahora que los colores son más vivos y las palabras no se me resbalan por entre los dedos.

Ahora que he dejado en cansancio atrás.

Que las pesadillas me han abandonado por fin. Ahora que huelo a ti de nuevo.

Ahora que te vuelvo a besar, mirar y abrazar.

Ahora que el mundo sigue antojándoseme del revés pero tú formas parte de él conmigo.

El tiempo no se para si no que vuela.

Me miro en el espejo y me sonríe. Levanta mis comisuras y me devuelve la parte de sol que se había escondido tras una nube que tercamente parecía no deshacerse nunca.

Y me río de ella mientras le digo;

Muérete, que la vida sin ti puede seguir.

Muérete, que mi vida vuelve a tener color y ya no me importa que estés aquí.

Ya no siento como si el mundo entero se riera de mí. Ya no me siento como una pequeña niña que, recogiendo flores, se ha perdido entre árboles gigantescos.

Mis pasos vuelven a tener ritmo en vez de sonar como sonaría una línea recta difuminada gastada y cansada sin una dirección correcta.