Cuando el sol te deja… Y saludas a la luna.

Escribir a oscuras con el reflejo de la propia noche y la llama que delante tengo pero no se si existe, no es tan complicado como creía.

Resulta que por aquí hay humo de mi canuto que se consume mientras pienso. Aroma de una llama que tintinea y juega así con las sombras, baila con las siluetas inquietas, con las curvas sensuales que hipnotizan con sus bailes nocturnos.

Ahora, mientras suena la canción de la letra escrita en las paredes del centro de mi universo recuerdo la palabra del día:

Disfrutar.

La digo en voz alta, suena bien.

La susurro, es muy tentador.

Pero cuando la dibujo en mi cabeza me hace volar. Hace que justo delante de mi, cientos o miles de diapositivas pasen fugaces. Aunque no lo suficiente como para no sentir el éxtasis de todas y cada una de ellas en mis venas. Haciendo que la llama de la que  hablo sea ahora dos veces más intensa, y mil veces más hermosa.

Bebo el café de temperatura perfecta que me lleva a una mañana que ahora almacenaré en la caja fuerte de los buenos momentos. De los buenos recuerdos.

Pero cuando llego hasta allí, después de un largo camino rememorando viejos tiempos, caigo en la cuenta de que, afortunadamente, hay muchos mas momentos en nuestro pasado de los que recordaba. Y ahí van, unos cuantos más para llenar una caja enterita de ti.

Que bien me siento y que extraña la fluidez de mis frases. Habitual no sería precisamente la palabra.

La tinta es como la música, que ambas le dan, cada una a su manera, forma a los sentimientos. Y las palabras son un juego divertidísimo parecido al de las adivinanzas. Aquí y en todo lo que venga tienes tus pistas.

No puedo evitarlo, me encanta jugar. Adoro la jugosa idea de que todo en esta vida sea un juego. A veces de estrategia, pocas veces de magia. De simulación, tal vez. De azar quiero pensar que no. Pero un juego cuyos personajes tengan los movimientos programados, seguro que tampoco.

Dicen que el sabor cambia si asas la carne con brasas en vez de con carbón. 

Y que también cambia si te enciendes el cigarrillo con una cerilla en vez de un mechero.

Mi canuto sabe a lo que huele la llama que baila cuando y como quiere. Pero de noche es la gran protagonista, y lo mejor;

Se vale todo, no hay peros y no hay frenos, tampoco vergüenza ni secretos.

Simplemente, es de noche.

Si le miro de noche, le veo igual pero mejor. Si le acaricio de noche, la sombra de mis dedos me acarician a mí también, llevándome en volandas hasta un sueño profundo y nada inquieto en el cual permanecería si pudiera. Si está conmigo de noche, la soledad no se atreve ni a saludarme desde el umbral.

Y yo sé que, siempre y cuando sea de noche, nada va a cambiar.