Queen of broken hearts

Tengo delante de mí una libreta totalmente en blanco que quiere decir millones de cosas pero no lo hace.

Por alguna razón dentro de mi cabeza y en un idioma muy peculiar todo está claro.

Sé quien fui y aunque pueda actuar, y lo hago, también sé quien soy. Lo que no sé es quien seré aunque si lo que me gustaría ser.

Es verdad que tengo curiosidad pero sería mentira si dijese que tengo prisa porque no la tengo.

Puede que esté loca o también puede que de alguna manera mi tiempo, el que tengo para aprovechar, es justo el que quiero y el que necesito para irme como, cuando y donde me apetezca.

Por eso me pregunto que pasa y porque yo.

Una vez mis caricias le hipnotizaron y con mis ojos le mostré el paraíso con el que siempre había soñado pero no me lo dijo y yo no lo supe hasta pasado más de un siglo. Aun así, lo he convertido en algo a mi favor.

Las lágrimas que dejé que vieras te cambiaron irremediablemente.

Y a ti, a ti conseguí a pesar de todo hacerte volar.

Pero lo mejor que hice fue regalarte años de juventud que ya no te pertenecían porque ya los tuviste.

Soy la reina de corazones que sangra mientras disfruta y hace disfrutar.

Es sádica la situación porque hace que confundas el dolor con el amor y no sabes si te gusta más de lo que te duele o al revés.

Soy la reina que fabrica sentimientos y los convierte en recuerdos que con sus sonidos ahogan los llantos de todas las almas que gritan mi nombre todavía y sin poder evitarlo.  

No solo los necesito para que las voces no me vuelvan loca si no también para poder sanar heridas que no quieren dejar de sangrar. Así, puedo sentarme delante del baúl de mis recuerdos, cerrar los ojos y revolverlo hasta dar con una fotografía. Es la imagen a todo color de tu espalda y tu pelo largo entre mis dedos. Es entonces cuando los cortes que me hicieron tus silencios dejan de sangrar y brota la primera flor.

Es maravillosa porque pese a ser oscura como tu, huele igual que tu.

Guardo en el fondo aterciopelado tu foto pero no tu esencia y veo aquellos poemas que no quise a penas ni leer.

Se me había olvidado lo bonita que me hiciste sentir. Pero lo fúnebres que eran tus besos hizo de ti un gran agujero negro del que no quise formar parte. Era asfixiante y frío. Tanto, que mis labios llegaron a congelarse dejando de sentir tus besos y otros muchos para siempre.

De esta manera, ya satisfecha y soñolienta me levanto y me dispongo a dormir. No sin antes sonreír porque también sé lo que quiero. Seguir siendo esa reina, despedirme de aquellas almas que ya están gastadas y seguir creando sensaciones para mí y para los demás. Seguir sangrando por ellos mientras ellos sangran por mí.

Move on

Han pasado 3 años y no puedo decir que me pareció ayer cuando te conocí.

Busco en mi memoria y me veo desde arriba riendo a carcajadas. Sigo buscando y sigo viendo risas hasta en las situaciones menos apropiadas. El sonido es tan bello que me pregunto si aquel día en aquella mesa realmente sonaba así o soy yo, que adorno recuerdos.

Ha sido un camino costoso que ha dejado cicatrices en mis pies y hasta en mis manos porque he tenido que usarlas para arrastrarme y levantarme después del suelo ardiente por el que me perdí. El cual no olvido.

Sigo recordando y ahora revivo la frescura de mis movimientos, de lado a lado, a toda prisa o mal coordinados. Parecíamos todos jóvenes e inexpertos duendecillos, cada uno con su apodo, cada uno con su color, y cada uno con su brillo.

Mi padre, de pequeña, me decía que por la boca se pierde la energía y que por eso hay que cerrarla al masticar. A nosotros al reír no se nos escapaba ni un poquito de la cantidad desmesurada que parecíamos tener, y eso que habitualmente era empezar para no parar. Aquello causaba hambre. Hambre de experiencias nuevas, de lugares nuevos, más ritmo, más gente y más movimiento.

Ahora y al volverte a ver reconstruyo escenas del principio e intento, sin éxito, infiltrar a mi yo de ahora en ellas. Resulta que de esta manera nada es tan divertido, y la risa que se oye de fondo no es la mía si no de la chica que está sentada dos mesas hacia delante. Le diría que no la conozco pero que me cae bien, y como no, que no deje de reír.

Pero la chica no entendería lo que realmente dicen mis palabras hasta que no hubieran pasado 4 años.

Así que cuando no extrañas a un amigo, cuando no te mueres por verle ni te sientes especialmente sola, entonces te toca lidiar con una bienvenida y una despedida.

Porque de nada te serviría aferrarte tercamente a él, que representa lo que fuiste. O a aquel lugar, que ya no es tu lugar.

Y si te sientes de esta manera, estás de suerte;

Resulta que cada juego tiene su tablero y esperan a que los encontremos entretenidos para que allí nos quedemos.

Te toca mover ficha.

Miro a mi alrededor para descubrir que si me invento de nuevo no es porque me falte sino porque puedo.

Me huelen a humo los dedos, el pelo y la boca. Tengo la cabeza inmersa en una niebla densa que lo clarifica todo. Y yo también me deshago en el humo que me envuelve, en espirales que me suben hacía arriba.

Me miro desde el techo y me río. Me siento liquida y pierdo consistencia, mi cuerpo se escurre  por las paredes naranjas hasta el suelo y con el cuerpo apretado contra el parquet oigo latir el corazón mecánico de la ciudad, los gusanos que devoran sus entrañas y sacuden las paredes. Me embarga un terror que me estremece cuando pienso en la oscuridad que reina debajo.

Debería sentir frío? Mi piel contrayéndose sobre mis huesos? Pero solo veo rojo, como si mirara el sol con los ojos cerrados. Y escucho la música que nace de mi pecho, un ritmo que habla de mi vida. Tarareo con los dedos contra mi estomago pero se me olvida que sigo siendo liquida y me hundo, me confundo con mi cuerpo.

Pienso, todavía pienso, y me extraño de mi misma, de este cuerpo liquido y…

la suave música que late en mis oídos. La ausencia de mis manos fundidas en mi carne. Apenas se si siento pero tengo la risa vibrando en mi garganta llena de asombro.

Respiro, para asegurarme que existo en un espacio físico y aunque no note el aire llenando mis pulmones, crezco y vuelvo a oír las risas fuera mío.

Unas voces mecánicas comienzan a marcar un ritmo distinto al de mi pecho, cosquilleando en la piel que creía haber perdido y sube tan fuerte, crece y enmudece en mis huesos para explotar con una luz purísima enfrente de mío.

Lo mío siempre han sido las palabras, el papel emborronado con mis huellas, el asombro de un mundo que pudiera ser como yo quisiera, y no esta resonancia liquida que fluye con mi sangre y me llena de un asombro que cosquillea en la punta de mis dedos, no en colores sino con un sonido gravitacional que me alza y me hunde.

Abro los ojos, porque las voces me llaman y descubro que he vuelto a perder mi realidad mientras viajaba. Resuena en voz alta el pensamiento; sin abrir la boca, aunque el eco de mi voz llena la habitación. Miro a mi alrededor para descubrir que si me invento de nuevo no es porque me falte sino porque puedo.

Estoy en el país de las maravillas y todo esta torcido, de lado o deformado. La reina de corazones me mira con ojos grandes, pozos azul herméticos. La boca roja y sangrante. En su mano izquierda un corazón latiendo apenas y en su pecho siete más como tambores.

“Se esta muriendo” me dice con la sonrisa triste. La sangre gotea hasta el suelo de su mano y ella prende el corazón de nuevo en su pecho.

“Cantan lo mucho que me aman, y cuando se quedan sin versos se mueren”. Me acerco para oírlos de cerca y pienso que es por eso que el mundo siempre se distorsiona tanto, debe de ser la agonía de sentir demasiado. 

Yo no puedo hacer otra cosa que mirar.