La pregunta del año.

Sigo buscando, porque sigo perdida. No es malo aunque a
veces ello haga que me aísle. Solo me pasa porque cuando veo y escucho en vez
de mirar y oír, no encuentro lo que necesito.

Y no es que tenga prisa, pero la verdad es que si sigo viviendo cada segundo
como si fueran cuatro, mis cálculos acaban mucho antes que los tuyos. Y créeme,
esa es la parte que más me gusta.

También pasa que soy impaciente. Y que tengo demasiadas
preguntas que solo personas diferentes pueden contestarme. Pero yo tengo que
cambiar mis dudas por respuestas precisas, si no me sabe a que no vivo. ¿Qué es
la vida si no la búsqueda quizá en vano o quizá no, de la verdad?

Verdad. La palabra del año, amigos. Pero me da a mí que al
año que pertenece es al que ya quiere entrar y no al que se me escapa de las
manos, y eso es mucho tiempo de reflexiones como éstas. Temo, o no, volverme
del todo loca.

Resulta que al verte sonreí y supe al momento por que. Fue
porque el negro, en tu cuerpo, brilla siendo mate. Todavía me pregunto cómo
puede ser. Pues si el cielo sigue siendo azul, no puede ser que seas mate y
brilles.

Mañana tendré que salir de día para comprobar que nada ha
cambiado.

Y sabiendo que me chocaré de lleno con un cielo radiante,
claro y AZUL, me quedo mucho más tranquila tomando la decisión de conservarte.
Conservarte justo en esa casilla.

No puede ser la melodía de mi sonido la que te atraiga,
tengo que hacer algo para callar el ritmo que además, intenta mover tus pies
hacia mí. Y ese algo es simplemente relajarme para variar. Dejar que me mueva
esta música también. Soy chica de varios estilos, puedo hacerlo. Puedo moverme
con esa rumba tuya, también.

Pero el temor de perder el control de la situación es
grande. Tan grande como lo es el tuyo por morir joven. O por perder tu tiempo.
Y me daría mucho menos miedo si no me conociese.

Ahora recuerdo al príncipe que una vez me preguntó:

“Andreita, Andreita… ¿Cuando aprenderás?”

Lo que no recuerdo porque no existe es lo que le contesté.

Siempre serán Caminos Encrucijados.

Nunca conseguía ser tratada como merecía. Ella sabía aunque estaba dejando de creerlo, que no era una persona fría.

Que podía serlo, pero no lo era. Que lo fue, que lo había sido.

Y sabiendo que no lo amaba aun así lloraba porque al final, ella nunca entendía nada.

Ya no sabía si a caso existía la verdad. “Qué es la verdad”, preguntaba. Y porqué cuesta tanto encontrarla. “Qué es el corazón”, y porque cuesta tanto encontrarlo.

Se sentía tan poco recompensada, tan mal interpretada y tan culpable por ello.

No había abandonado hasta entonces la tarea de construir un lugar para cuando llegase la oportunidad poder así cobijarla bien.

Pero aquel hueco seguía creciendo vacío, aunque no oscuro.

Ella consideraba que no había sido más que “El lugar cerca de casa” para la mayoría. Pero nunca casa. Solo la guarida de muchos y escudo de muchos más. A ella se le ha dado siempre muy bien cubrir necesidades básicas mientras no tenían nada mejor.

Ahora sólo quiere dejar ese papel porque ha cambiado el guión, empieza a diferenciar perfectamente el dolor del placer, y sabe que le duele mucho más de lo que le gusta. Pero las consecuencias dejarían de diferenciarla por respetar los sentimientos de los demás. Tampoco se cree capaz de, buscando su propia protección, quitar la que hasta ahora ella misma garantiza.

Siente como el dolor recorre su cuerpo emitiendo pequeñas descargas que la dejan sin consciencia cada cuatro minutos. No puede soportarlo. Es una condena por seguir creyendo en las personas. En la verdad y en el amor. Por seguir buscando al rededor del mundo hombres honestos, y sin éxito, toparse con encantadoras serpientes que cambian mucho de piel. Que se esconden tras golpes bajos, mentiras y oídos sordos.

Así que, aunque lo intenta, no puede dejar de sentir que acaba de romper con una pieza dentro de si misma. Tampoco puede dejar de pensar que se ha roto y que ya no va a volver a funcionar.

Esa pieza debía de ser la que paraba las diapositivas de miles de expresiones, reacciones, cientos de palabras. La que escondía todas aquellas mentiras, incoherencias, o todas las faltas y carencias.

También demasiadas decepciones no compensadas con ningún buen acto.

Más le vale sacar toda esa basura, no vaya a ser verdad aquello que dijo aquel:

Todo lo malo se pega.

Little by little

A veces nos sentimos solos porque buscamos allí donde no hay nada que encontrar, nada que nos sirva en todo caso. Pero nadie nos explicó como funcionan este tipo de cosas. Solo nos mostraron como no funcionan.

Yo sé que no he buscado en el lugar incorrecto.

Sé que siempre ha habido un espacio, cobijo, una guarida para mí.

Pero algo ha pasado. Me gustaría poder echarle la culpa o darle las gracias a la vida, al destino. Pues así me sentiría menos confusa. Y es que todo en éste nuestro desierto ha cambiado. El sol se ha marchado y ya no hace que nuestros cuerpos brillen. Yo, poco a poco he ido deshaciéndome de escudos que me sofocaban y tapaban palabras que eran todas para ti.

Ya no tengo los labios sellados ni las manos atadas. Poco a poco he dejado de ser aquella muñeca de ojos grandes para convertirme en un trozo de algo con sentimientos.

Y aunque me haya marchado sin haberlo hecho te hubiera acariciado mientras leías lo que mi piel quería contarte desde hacia  ya tiempo, pero no supo mostrar hasta ahora. Así que podemos guardar en aquella habitación también esto y así ampliar nuestra colección de todo lo que nos hemos dicho y lo que no, de todo lo que hemos hecho y todo lo que no. Porque eso también forma parte de lo que somos.

Lo que decidimos hacer tanto como lo que no, es lo que nos da forma. Son todas aquellas pequeñas decisiones las que nos han traído hasta aquí.

Y ha sido todo gracias a nosotros.

O por nuestra culpa.