Waiting for forever.

Como si mi mente lo necesitara, como si necesitara un empujón hacia adelante, recordé todos aquellos sueños.

Los sueños que aunque parezca mentira, están todavía muy cerca del presente. Sueños que construí a base de saber lo que no quería tener, no quería hacer ni sentir, a base de saber lo que no quería ser.

Fue maravillosa aquella sensación de ver por primera vez, en un intento de definirme a mi misma, como pude encontrar todos los adjetivos que necesitaba. Y así sucedió una vez tras otra, cientos de veces. De vez en cuando acababa por definir nuevos rasgos, actitudes y sobre todo nuevas reacciones. De vez en cuando veía aspectos de mí que creía necesarios mejorar y así lo hacía. Pero siempre eran pinceladas que a penas definían nada. Aquél era mi entretenimiento favorito y empezaba a desgastarse.

Al final me quedé sin cosas que hacer, supongo que me sumergí en un torrente de hábitos y días iguales. Algo como un río de agua ni caliente ni fría, que me arrastra ni fuerte ni débilmente, y que me lleva ni más lejos ni más cerca del final.

Es curioso porque todos dicen que es un buen lugar para esperar.

Yo, sin embargo, creo que es el sitio más aburrido, insano, neutro y vacío que he visto.

Es exactamente el lugar donde las luces de neón acaban con tus sentimientos. Primero con los sanos; los que te hacen volar, soñar y creer en la magia. Y luego, mucho, mucho más tarde, lo suficiente como para que hagas cosas de las que traen remordimientos después, luego evaporan los sentimientos que te hacen sufrir.

Cuando te sientes ni bien ni mal, ni contento ni triste, cuando  a la hora de elegir sientes que te da igual; entonces las luces de neón han hecho un buen trabajo. En ese momento lo único que se te ocurre como opción viable es dejarte llevar, ni fuerte ni débilmente y ese era exactamente su cometido.

Desconozco si tengo o no tengo trabajo conmigo misma en estos momentos, desconozco que clase de persona seré y en qué me convertiré y a que tendré que renunciar, que ganaré a cambio, como será perder. Desconozco cuanto tiempo tardaré en coleccionar todos los recuerdos que quiero conservar para siempre. Pero lo que si sé, es que ahí fuera, fuera y cerca de mí hay cientos de personas.

Cada una de ellas es diferente y por lo tanto es una oportunidad de crear diferente, sentir, actuar y pensar diferente.

Así que, el día que me mire al espejo y sienta esa luz de neón encima de mi cabeza aburriéndome con la misma prospección del día y la misma imagen de siempre, saldré corriendo y, simplemente, miraré a mi alrededor, saludaré a la luz natural de un cielo que mejor o peor, siempre estará ahí para devolverme el saludo.

Seguiré creyendo a mi modo en la magia, a ojos cerrados en las personas y su capacidad, y para siempre en el regalo de poder sentir.

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