El mundo en el que vivo

Qué poco respeto, cuánta miseria, que bonito es vivir engañado y qué fácil es dejar de intentar ser mejor.

¿En qué momento del nefasto proceso dedicado a intentar tener vuestros propios ideales y valores habéis caído en todos y cada uno de los tópicos habidos y por haber en la historia de la humanidad?

La ambición, la envidia, el rencor, el desconocimiento, la ignorancia y la torpeza que sí o sí nos persigue constantemente, ha hecho de vosotros la verdadera escoria, la más pesada losa de la falsa evolución en la cual, científicos trastornados y políticos enfermos e hipócritas, se excusan para destrozar el mundo del que tanto hablamos, y tan poco conocemos.

Vosotros, que creéis que la empatía es sentir lástima por la desgracia ajena.

Vosotros, que os escudáis en vuestra perfecta visión de la realidad y, sin dudar ni siquiera un maldito segundo, juzgáis al de al lado por los pecados que vosotros mismos cometéis a diario, pero que quedan aislados por el egocentrismo que lo controla todo.

Vosotros que os creéis tan diferentes de los que se aprovechan del más débil y en realidad sois peor, porque os ha tocado ser “La copia mala del clásico”.

Sois vosotros y no el resto los que habéis hecho de la tolerancia un mito y del amor una puta canción.

Quisiera que supierais que sois vosotros y no el resto los culpables de vuestra incapacidad para encontrarle el sentido a algo que puede tener cualquier sentido excepto ninguno. El mundo va del revés mientras vosotros dais vueltas como jodidas ratas drogadas señalándoos los unos a los otros con esas garras que dan risa, como si el verdadero culpable no os lo fuerais a encontrar justo en el reflejo del espejo deforme que usáis cada mañana.

Así que espero poder veros al final, solo para poder ser partícipe, aunque sea por un segundo, de presenciar cómo la verdadera justicia os devuelve todo el mal que habéis causado, causáis y causaréis hasta el último suspiro.

Mientras tanto podéis seguir culpando al resto de vuestros pecados y condenando a los más débiles a vivir vuestra miseria. Podéis seguir llevando esa venda rancia y aburrida que os permite pasar por encima de cualquiera con tal de conseguir cualquier cosa.

Sin embargo, dios no quiera que os encontréis jamás conmigo o alguno de los míos en el camino. Porque sé que no, la justicia no soy yo, ni lo eres tu, ni cualquiera que se parezca a ti, pero eso no significa que vaya a quedarme de brazos cruzados mientras la ignorancia de unos cuantos listillos destroza la diminuta parte de lo único que me pertenece en esta larga y entretenida vida;

Los demonios contra los que solo yo puedo luchar.   

Los sueños que solo yo puedo transformar en realidades.

Pero sobre todo, lo que solo yo puedo exigirme a mi misma, y lo que solo yo puedo conseguir con lo que me ha sido otorgado para pasar de largo por esta interminable historia. 

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