Agradezco ser consciente a ratos de las cosas.

No comprendo cómo funcionas, y tú nunca me das pistas.

Maldito mundo cruel.

Es como caminar por una habitación oscura después de un sueño extraño, sin saber que tan solo das vueltas que no cesarán hasta que te canses.

Y que no vas encontrar la puerta, porque estás demasiado desubicado.

Es como no recordar cuantas veces debías de girar a la izquierda y en qué momento debías de ir hacia la derecha.

Es un mundo extraño en el que las calles no tienen nombre hasta que dejan de gustarte, cuando dejan de existir para tu camino, entonces sabrás todo lo que necesitabas saber de ellas. Sabrás si son peligrosas, si son largas o incluso a donde te hubieran llevado.

Pero ya será tarde, porque no supiste caminarlas, no supiste recorrerlas como debías.

Por aquí está lleno de decepciones y dudas de las que van acompañadas de un “Y si” interminable.

Pero yo suelo quedarme sentada en cualquier portal esperando, a menudo alguna señal, y de vez en cuando me equivoco y espero por ti. Espero que tu o la sombra de lo que queda, regrese a buscarme. Hasta que me acuerdo de que tu nunca acudes a ningún lugar, tu esperas en alguna de las calles que yo no conozco.

Y yo sigo sentada en un portal.

Porque aunque parece que me muevo, quizá es tan solo una ilusión.

Es como cuando soñé que buceaba en una piscina y cuando intentaba salir a la superficie para respirar, no podía. Había una especie de cristal que me lo impedía.

Lo mejor es que nunca supe si me ahogué o no.

Por lo tanto sueño que camino pero mis pies son puro cemento como siempre.

O a lo mejor sueño que mis pies son cemento pero estoy caminando en realidad.

A lo mejor es por eso que suelo perder la memoria cuando intento encontrar la manera en la que llegué hasta aquí.

Pienso que habrá sido la inercia que me mueve cuando hablas.
Como si tu voz pudiera poner la mano en mi hombro y guiarme hasta tu cuerpo con los ojos cerrados que cuando abro, hacen que te descubra. Pero cuando pestañeo, te borran del presente quitándote de enfrente y te devuelven en un abrir y cerrar de ojos al pasado. Que es donde debes de quedarte.

Pero algo dentro de ti no quiere, y algo dentro de mi no te deja.

Ahora que ya te has ido, cierro los ojos y cuando los abro lo veo todo en blanco y negro.

Es una película muy antigua y muy muda la que me cuenta que te fuiste, pero que permaneces.
Y así sigue la vida, llena de incoherencias parecidas.

 

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