Re-echo

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Pagamos cada risa con una lágrima.

A veces hasta temo al descubrirme riendo a carcajadas.

Y ya son diez mil las veces que se ha repetido esta historia.

Y ya son diez mil las veces que digo;
Ésta es la última.

Pero yo no me canso como tampoco se cansa el tiempo.

Sigo intentándolo porque de eso se trata.

Intentando no caer,

Gritando de rabia por haber caído,

Perdonándome una y otra vez por no haberlo intuido.

Es como apostar por la esperanza desde el quizá,

Cuando la probabilidad está claramente en contra.

Como rival, el miedo.

Condicionada, la esperanza es banal.

Está condenada a desvanecerse,

Entre el por qué y las ganas que siempre quedan.

Como cuando te das cuenta de que elegiste mal el color.

O el lugar.

Ellos dicen que nada es imposible.

O fuimos nosotros, quizá.

Nos equivocamos.

Solo sé que…

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Si cierro los ojos puedo dibujar las grietas en mi cabeza.

Puedo recorrer cada centímetro del camino que duele solo con pensarlo.

Que hiela cuando me acuerdo.

Puedo gritar muy alto y muy fuerte,

Puedo convertir mi voz en un susurro parecido al del viento cuando está enfadado.

Que silba y entra con fuerza por todos los sentidos menos uno.

Y sé que aquí estoy, pero no me veo.

Entonces pienso que fluyo,

Pero en realidad estoy estancada en un gran tanque.

Huele a tu ausencia,

Se ve desordenado sin tus palabras.

Y está repleto de espejos que mienten y me escoden detrás de ti.

Pero tu no estás y yo tampoco.

Después de mucho intentarlo vislumbro mi reflejo por fin,

Pero no me encuentro porque no sé donde miro cuando no te miro.

Ni sé lo que veo cuando no te veo.

Algunos lo llaman mirada perdida, otros nostalgia.

Algunos lo llaman locura.

Pienso tanto que ya tengo todas las respuestas,

Pero no valen si no las pides, no valen si te las regalo.

Pienso tanto que sé como dibujar un mundo sin ti.

Pero no existen los colores y me pierdo entre todas las dimensiones.

Tengo un calendario que no puedo colgar.

Un marco que acabo de quitar.

Tengo palabras que quiero olvidar pero no puedo.

Momentos que no quiero olvidar pero que debo.

Tengo un hueco y mucho eco.

Una mentira y un secreto.

Tengo ideas, pero me faltan las ganas.

Tengo todo lo que tú acaparabas.

Si abro los ojos puedo verlo todo pasar.

Como estar esperando sin esperar que nada ni nadie vaya a llegar.

Hipnotizada por el cómo, el cuando y el porqué.

Embobada con el sabor de la despedida en la punta de la lengua.

Cuerpo relajado, sentidos alborotados.

Como un explosivo y una cuenta atrás eterna.

Un tiempo defectuoso,

Que altera el orden de todas las cosas.

Estoy aquí y sigo sin verme pero me siento.

Entonces pienso que podría dormir para despertar del todo.

Pero cuando lo hago no sueño ni descanso.

No creo saber en qué soñar,

Porque el mejor de mis sueños se parece más a una pesadilla.

Pesadilla que no veo pero sé que está.

Se transforma en la nada que ocupa mis noches,

Y parte de mis días.

Si cierro los ojos puedo dibujar las grietas en mi cabeza.

Puedo recorrer cada centímetro del camino que duele solo con pensarlo.

Que hiela cuando me acuerdo.

Puedo gritar muy alto y muy fuerte,

Puedo convertir mi voz en un susurro parecido al del viento cuando está enfadado.

Que silba y entra con fuerza por todos los sentidos menos uno.

Y sé que aquí estoy, pero no me veo.

Entonces pienso que fluyo,

Pero en realidad estoy estancada en un gran tanque.

Huele a tu ausencia,

Se ve desordenado sin tus palabras.

Y está repleto de espejos que mienten y me escoden detrás de ti.

Pero tu no estás y yo tampoco.

Después de mucho intentarlo vislumbro mi reflejo por fin,

Pero no me encuentro porque no sé donde miro cuando no te miro.

Ni sé lo que veo cuando no te veo.

Algunos lo llaman mirada perdida, otros nostalgia.

Algunos lo llaman locura.

Pienso tanto que ya tengo todas las respuestas,

Pero no valen si no las pides, no valen si te las regalo.

Pienso tanto que sé como dibujar un mundo sin ti.

Pero no existen los colores y me pierdo entre todas las dimensiones.

Tengo un calendario que no puedo colgar.

Un marco que acabo de quitar.

Tengo palabras que quiero olvidar pero no puedo.

Momentos que no quiero olvidar pero que debo.

Tengo un hueco y mucho eco.

Una mentira y un secreto.

Tengo ideas, pero me faltan las ganas.

Tengo todo lo que tú acaparabas.

Si abro los ojos puedo verlo todo pasar.

Como estar esperando sin esperar que nada ni nadie vaya a llegar.

Hipnotizada por el cómo, el cuando y el porqué.

Embobada con el sabor de la despedida en la punta de la lengua.

Cuerpo relajado, sentidos alborotados.

Como un explosivo y una cuenta atrás eterna.

Un tiempo defectuoso,

Que altera el orden de todas las cosas.

Estoy aquí y sigo sin verme pero me siento.

Entonces pienso que podría dormir para despertar del todo.

Pero cuando lo hago no sueño ni descanso.

No creo saber en qué soñar,

Porque el mejor de mis sueños se parece más a una pesadilla.

Pesadilla que no veo pero sé que está.

Se transforma en la nada que ocupa mis noches,

Y parte de mis días.

Dicen que dicen

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Dicen que el amor es pura química.

Una reacción hormonal a ciertos estímulos.

Esos escalofríos, los vuelcos al corazón, las mariposillas…

No es magia, no es un milagro. Y mucho menos una bendición.

La paz, sería una bendición.

 

Dicen que no nos enamoramos de una persona, aunque así creamos que es. Dicen que nos enamoramos de lo que sentimos en nuestro interior, gracias a esa persona.

Nos enamoramos entonces de nuestras emociones y sentimientos.

Qué cosa más egoísta esto del amor.
Qué cosa más surrealista esto de estar enamorado.

Dicen que cuando el amor se acaba es como cuando se extingue un contrato antes de la fecha de vencimiento.

Puede ser temporal o indefinido.
Puede ser también eventual.

Sea como sea, una de las partes o ambas dejan de estar interesadas.

Lo que antes compensaba, deja de hacerlo.

 

Así que se acaba, se finito, deja de ser y deja de existir.

Parece complejo, pero el amor es sencillo.

Solo que lo más sencillo suele ser siempre lo más complicado.

El ser humano no está hecho para conformarse.

 

Inconformismo, otra arma de doble filo.

Se ha llegado tan lejos con él que pocos recuerdan dónde y cómo empezó todo.

Supongo que así se pierde la nobleza, la humildad.

Supongo que así se pierde la empatía.

Supongo que supongo bien.

 

Así que los principios son la mejor parte porque el inconformismo y las exigencias son menos y la empatía hace un gran trabajo.

Pero con el tiempo empatía y paciencia se gastan.

De esa carencia, nace entonces ese inconformismo.

De esa carencia, nacen aquellas dudas y nuevos deseos.

Nacen cambios y replanteamientos.

Se suben las expectativas.

 

Es gracioso porque contra menos recibimos más pedimos. Por lo que en poco tiempo dichas expectativas quedan totalmente descompensadas y desajustadas a la realidad.

Hasta que llega el día en el que pides hasta lo que no te corresponde.

Hasta que llega el día en el que intentas recordar cómo empezó todo, porqué.

Y no te acuerdas.

Más tarde sabrás que en realidad no importa, es demasiado tarde.

Volver atrás es lo único imposible ya y de momento.

Ya no puedes cambiar, ya sabes lo que no quieres.

Y por eso da igual cómo o porqué lo sospechaste por primera vez.

No importa qué ínfimo detalle liberó todo este círculo, que es tan vicioso como cualquier otro.

Que es confuso e incierto a ratos.

Que también es claro como un cielo de agosto,

O transparente como el agua a ratos.

 

Y ese es precisamente el final.

El final en el que fuera de un círculo buscas otro.

Uno en el que darás vueltas sin parar, pero que a quizá huele diferente.

O que sabe diferente.

A lo mejor hasta hiere diferente.

Me pregunto si…

Si cuando te levantas nada tiene sentido, y cuando te acuestas todo está del revés.

Si el sueño se va volando, o si cuando estás despierto preferirías no haber despertado.

Quisiera saber qué es lo que te asusta más en este mundo, y si soy yo tu peor pesadilla.

O tu mejor fantasía. O las dos cosas.

Quisiera saber si sientes un océano helado entre tú y yo, si me culpas por haberlo creado, o si me odias por no haberlo cruzado.

Resulta que no sé nadar, y que nunca te lo dije.

Me pregunto si realmente me crees cuando te digo que te quiero.

Si realmente te debo de creer cuando me dices que no puedes vivir sin mí.

Querría saber si te cuesta tanto como a mí mantener las distancias.

Si eres tú la fuerza dominante de aquél Poseidón,

Y yo la sirena que descansa en el fondo del mar, impotente porque donde ahí arriba tú descansas, yo no puedo respirar.

Van pasando las horas, que siempre son 24, pero se hacen tan eternas que los días se confunden unos con otros.

Siento que todo está donde no debería de estar,

Como si yo no fuera en realidad una sirena.

Ni una princesa, ni una mitad.

Como si tú nunca hubieras estado mirando,

Como si en realidad fueras una imaginación.
Fruto del deseo mezclado con la soledad y el agua salada en mis pulmones.

Y yo no me atrevo a salir a la superficie y liberar mi cuerpo de ésta enorme presión.

No me atrevo a decirlo en voz alta, no me atrevo a veces ni a pensarlo.

Así que dejo que una melodía se encargue de mis sentimientos,

Que otra voz te los confiese por mí.

Dejo que otras manos sean tus compañeras,

Que otro cuerpo sea tu liberación.

Y mientras tanto la inercia se encarga de mi cuerpo,

El instinto de mis pensamientos,

Y el corazón de todas las lágrimas.

Pero esta sonrisa va por su cuenta ya. Ha decidido no aparecer de nuevo. Como si temiera no ser lo suficientemente fuerte para sobrevivir a tu mirada.

Quién nos iba a decir a nosotros, que nuestra mejor arma se iba a volver en nuestra contra.

Quién nos iba a decir a nosotros, que nuestra fuerza iba a derribar aquél castillo que bien podría haber sido nuestra guarida.

Algo que no cambia es lo que pasa cuando te veo.

Se me corta la respiración y el estómago se rebela.

Cuando estás sin estar mi cabeza se vuelve loca y mis manos no saben que hacer.

Y pienso que sin guerra no hay paz. Pero solo veo guerra y no creo que llegue la paz.

Porque paz era esconderme en tus brazos.

Paz era respirar lágrimas de vida que surgían esplendidas, directas desde nuestros corazones.

Paz, era saber que irremediablemente te ibas a ir,

Pero ver que todavía estabas frente a mí.