Debería de escribir…

…Tan solo para entender la sensación que cómodamente se ha posicionado dentro de mí a lo largo de estos  años.

Siento como mi cuerpo y mis manos quieren volver a jugar, volver a probar suerte, pero no pueden evitar sentir el entumecimiento que paraliza toda la fe y la esperanza.

Debería de poder decir todo lo que en mi cabeza se rompe y desquebraja una y otra vez. Todo lo que, más presente o menos, enturbia la imagen que tengo del mundo junto a mi posición en él. Pero sé que no me creerías, como tampoco te creería yo a ti.

Pienso que lo tengo todo y a la vez me veo como un cuerpo abandonado por la razón y las expectativas.

Busco distracciones para ignorar las  ganas de preguntarme por qué y responderme por nada.

De preguntarme para qué, y responderme para nada.

Pero no se va esta continua sensación de angustia que me envuelve mientras camino a solas hacia ningún lugar. Se pierde entre pequeñas ilusiones que siempre duran poco. Tampoco quiere marcharse este amargo sentimiento de estar vacía por dentro y por fuera, prefiere quedarse y llenar un espacio que no debería de estar desocupado.

Me pregunto qué necesito tener o hacer para que el interés viva, se quede, dure, sea real.

A veces callo por miedo a que le temas a mis palabras. A veces pienso que como yo no lo entiendo tampoco tu podrías. Todas las veces sé que no estoy  tan equivocada como quisiera.

Y si no cuéntame porque siento como si para mí la vida fuera el doble de larga, el doble de intensa, el doble de pesada. Da que pensar, y me hace pensar que necesito un milagro.

Pero no creo en los milagros, y esa es la parte más desoladora.