Y que nunca muera la esperanza

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Necesitó perspectiva para poder llegar a alcanzar a ver la realidad de la enredadera en la cual atrapada estuvo durante tanto tiempo. Pensando que no estaba tan mal, cuando la realidad es que desde el principio faltaba mucho bien.
Eran algunas ilusiones, algunas esperanzas convertidas con el tiempo en simples espejismos, lo que la distrajeron y le nublaron el juicio, el que diferencia el bien del mal.

Pero ella nunca, nunca, nunca se rindió, aunque a ratos se hacía débil y pequeña, pues estaba empleando toda su energía en la dirección más errónea, y mareada, pensando que hacía adelante se dirigía,
No se daba cuenta de cuanto se equivocaba.
Dar media vuelta fue literalmente un golpe seco, fue un disparo a quema ropa, un destrozo que aunque reparable, dejó su mundo patas arriba y su autoestima demasiado lejos hacia abajo.
Pero nunca perdió la cordura aunque siempre, siempre, siempre la acechaba esa insana locura de la que logró escapar, dañada y cansada, pero que con mucha fuerza dejó atrás sin volver a mirar.
Y fue no su imagen en el espejo si no la imagen que otros ojos vieron y le mostraron lo que la despertó de aquella pesadilla y la sacó del espeso lodo en el cual agotada torpemente nadaba. Fueron los abrazos y los besos que vinieron de esa mirada, los que le demostraron que el amor es otra cosa. Ella no se lo podía creer, pero maravillada se dejaba convencer, se dejaba cuidar, mimar y por una vez, proteger.

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